Las artimañas del ego
Todos hemos oído hablar mucho del ego. Algunos dicen que no existe como algo real e independiente, que es una ficción, una creación de nuestra propia mente que designa, sobre el conjunto cuerpo-mente, un YO. Parece ser que este yo es solo un concepto, pero, por los motivos que sean, nos parece como si tuviera entidad propia.
Lo cierto es que, si lo miramos de lejos, sin indagar demasiado en él, parece que existiera independiente de todo lo demás. Vemos claramente un yo sólido y real. Sin embargo, si decidimos hacer zoom y mirar más de cerca a eso que llamamos EGO, su aparente solidez acaba por desvanecerse.
Casi todas las líneas de crecimiento personal y espiritual culpan ese yo de nuestra incapacidad para ser felices. Por este motivo, han surgido cientos de artimañas para interceptarlo y destruirlo. Lo cierto es que cada vez que nos ponemos a ello, el yo surge con más fuerza. El ego no quiere morir. De hecho, creo que todas estas artimañas son creación del propio personaje para seguir existiendo.
A mí, personalmente, me da mucha pereza mirar hacia el ego. No me gusta indagar sobre él. Quizás porque no se gusta a sí mismo. Sin embargo, la única manera de conocerlo y debilitarlo es acechándolo, sorprendiéndolo mirándolo de frente.
Todo el sufrimiento surge del ego
Todo lo que hacemos surge del yo. Si no fuera así, te aseguro que experimentaríamos felicidad las 24 horas del día, siete días a la semana. Experimentaríamos felicidad genuina. Felicidad que no es consecuencia de nada más que del contacto con nuestra verdadera naturaleza.
Pero la verdad es que lo único que experimentamos continuamente es sufrimiento. Un sufrimiento camuflado bajo falsas sensaciones de placer, sensaciones que no son más que pequeñas reducciones de nuestro perpetuo sufrimiento.
El ego lo contamina todo. Es cierto que hay egos más sutiles y pequeñitos y otros más grandotes y burdos tipo Hitler y la mayoría de los políticos, todos ellos capaces de provocar grandes desastres en el planeta. Los pequeñitos, aunque no tan evidentes, provocan los desastres en los mundos privados de cada uno.
Acechar el ego
Para poder limitar su acción, y hablo de limitar porque no estoy seguro de que se pueda eliminar definitivamente, debe ser acechado como si fuera una presa por su cazador. Sin embargo, para acecharlo, tienes que reconocer como se manifiesta en tu entorno. ¿Si no sabes cómo es tu presa como la vas a cazar?
La manera más fácil de desenmascararlo es a través de los pensamientos y emociones. Esto quiere decir que si estás experimentando un sentimiento o una emoción que no es paz, una paz genuina que no está motivada por nada, ahí está el ego. Si tienes ansiedad, si vives estresado o estresada, si tienes miedo, rabia celos, envidia, si criticas, si te quejas, si haces juicios, si continuamente estás especulando sobre el pasado o el futuro, ahí está también asesorándote.
Para detectar cada vez con más claridad al ego debes reconocer tan honestamente como sea posible cómo te sientes. Si no hay paz dentro de ti, mira qué pensamiento está provocando esta falta y acéchalo. Mira esta sensación o pensamiento y hazla tan consciente como sea posible. Verás como es nada, solo un fantasma, sin solidez, sin realidad. El ego no es algo material, de hecho, ni siquiera es algo. Solo puedes detectarlo a través de tu sentir y de tu pensar. Antes de matar la presa debes identificarla, debes verla.
La pereza
El problema fundamental con el que nos encontramos normalmente cuando queremos acecharlo es la PEREZA. Nos cuesta lo indecible poner en marcha este mecanismo. Esta pereza es falta de energía. Esta falta de energía viene provocada porque el ego, sus pensamientos y emociones nos la roban. Es un círculo vicioso.
El fantasma del ego
El ego no existe en la manera en que aparece, solo es un nombre. No esperes ver algo a parte de tus pensamientos o emociones. Ellos y ellas son el ego. Ellos y ellas consumen tu energía, incluso los y las aparentemente buenas están dentro de su dominio.
Solo la paz que tiene su fundamento en nada, aquella que no ha sido provocada por algo, puede ser un punto de referencia en nuestro camino hacia la plenitud, ya que surge, precisamente, porque el ego ha dejado de fastidiar.
Primero debes reconocer en los pensamientos de juicio, crítica, queja o especulación al ego en plena acción. El pensamiento y la emoción es la forma a través de las cual podemos detectar el fantasma del ego.
Es cierto que hay pensamientos elevados tales como el amor o la compasión que cuando surgen, elevan nuestro nivel de bienestar y de energía, lo que quiere decir que en estos momentos el ego se ha vuelto más pequeñito. De hecho, aprender a generar estos pensamientos debilita el ego.
Sin embargo, fomentar los pensamientos elevados no es una garantía, cuando menos te lo esperas, ZASCA, surge de nuevo un ego monstruoso y destructor. Debes aprender a ver al ego en cada momento y acecharlo.
Disolver el ego
Los pensamientos no son solo pensamientos y las emociones no son solo emociones, son el disfraz del ego, se manifiesta a través de ellos y a través de ellos puedes aprender a disolverlo.
Cuando experimentes miedo, míralo. Dile: tú eres el ego. Deja que se disuelva. No tiene solidez, es vacío. Es nada. Cuando seas reactivo o reactiva, tu reactividad es el ego. Es él el que reacciona. No le des la oportunidad. Reconócelo. No hay paz en la vida porque lo impregna todo. Detecta estos pensamientos y elije dejar de pensarlos. Elije dejar de sustentar este programa.
Reconoce que cuando estás en lucha, cuando discutes, cuando te alteras, lo único que estás haciendo es defender al personaje. Es el ego el que toma el poder y se defiende, no tú.
No dejes que el yo tome tu vida y la destruya. El ego es nada. No hay algo ahí, sólido independiente, no hay personaje real. Él es tu miedo, tu preocupación. Él es tu envidia, él son todos tus pensamientos y emociones que no te permiten tener paz.
Tú eliges. Vivir en paz o vivir con ego. Cuando buscas excusas o justificaciones es el ego defendiendo su importancia personal. Todo el sufrimiento presente, pasado y futuro es creado por el ego. Por un fantasma. Tú eliges: vivir en el ego o vivir en y desde el Ser que eres.
Para acabar, me gustaría compartir con vosotros como Sogyal Rimpoché en su libro “El libro tibetano de la vida y la muerte” hace alusión al ego y sus artimañas:
“Aunque fuéramos capaces de advertir las mentiras del ego, nos asusta demasiado abandonarlo. Sin un verdadero conocimiento de la naturaleza de nuestra mente, de nuestra verdadera identidad, no tenemos otra alternativa. Una y otra vez nos rendimos a sus exigencias con la misma tristeza y repugnancia con que el alcohólico acude a la bebida y que sabe que lo está destruyendo, o el drogadicto a la droga que, tras un breve rato de euforia, lo dejará rendido y desesperado.»